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Viendo las imágenes de la agresión de una joven sudamericana por parte de un chico español, me asombra la
sangre fría que demuestra él ante su ataque a una persona más débil, que ni siquiera se defiende y que en todo momento se somete a la prepotencia de su agresor.
Este animal ha adquirido fama por estos actos, incluso es posible que le pagasen por contar su salvajada, mientras que la victima y su entorno han demostrado saber estar en todo momento, sin aspavientos... en su sitio.
Incluso se intenta victimizar al agresor por su infancia, su no adaptación social.
¿Y la victima? ¿y sus derechos?
¿Le ocurrirá como a mí? Qué inspección me castiga a convivir (en el presente curso) con el alumno que casi me agrede físicamente, y que me soltó todo tipo de amenazas para cuando me cogiera sólo en la calle (allí estaban presente el director y secretario del centro, y otros dos profesores más).
A pesar de mi denuncia en comisaría, mi inspector valoró que mi centro ya había expulsado (cambiar de centro) a cinco alumnos en lo que se llevaba de curso (el pasado), por lo que no cabía (según él) más expulsiones: ¡es como si un juez obliga a una mujer victima de la violencia de genero a convivir con su agresor!
Sin duda, algunos deberían conocer y hacer caso a las palabras de Emilio Calatayud Pérez (Juez de Menores de Granada):
